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INDUSTRIA
Biodiesel: energía que no contamina
De una empresa cordobesa salen los equipos que permiten producir combustible a partir de la colza: rendidor, ecológico y de alta calidad. Cómo llegó a concretarse un importante desarrollo tecnológico que busca aumentar la rentabilidad del negocio a corto plazo.--------------------------------------------------------------------------------
Nino Fernández.
pymes@clarin.com
Según los expertos, el biodiésel llegó para quedarse. En un contexto dominado por combustibles caros, contaminantes y no renovables, los biocombustibles son una opción no sólo económica y ecológica sino también con gran potencial de desarrollo en los países de fuerte producción agrícola.
Pese a la morosidad legislativa en la materia, Argentina logró muy buenos resultados con el biodiésel derivado de la soja. Pero esa oleaginosa se exporta casi totalmente. Hace poco surgió una alternativa en Tancacha, Córdoba, donde una firma local de 45 empleados, está produciendo las primeras plantas elaboradoras de biodiésel a partir de colza, un cultivo de contraestación y de menor cotización que la soja.
La firma en cuestión es Industria Metalúrgica Gentili (IMEGEN), dirigida por Oscar Gentili, junto a su madre, Lucía, y sus hermanos, Marcelo y Ricardo. La planta se presentó en sociedad el 23 de noviembre pasado y a fines de enero ya había vendido las tres primeras elaboradoras de biodiésel de colza. A mediados de mayo se fabricaron otras tres y en los planes para el segundo semestre figuran al menos dos exportaciones.
"La idea surgió hace más de dos años por iniciativa del ingeniero Marcelo Rasetto, de Federación Agraria Argentina (FAA) y autoridades de la Universidad Tecnológica Nacional de Villa María, con quienes trabajábamos en la producción de plantas de texturizado de soja para alimentación humana y de harinas proteicas. La Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Córdoba podría sumarse al proyecto pronto", cuenta Gentili.
Oscar Gentili padre fundó IMEGEN en 1964. Era un taller de reparación de equipos y fabricación de soportes de rodamientos de máquinas maniseras. Pero la crisis del maní obligó a los Gentili a trabajar con la industria aceitera de la zona, en la reparación de los sistemas de preparación de semillas, por ejemplo. Desde hace unos años, la firma trabaja para las grandes aceiteras del país, desde AGD y Bunge, hasta Cargill, Nidera y Vicentín.
Bajar el costo energético
Con estos antecedentes, IMEGEN fue convocada para formar parte del proyecto BIO FAA, que según su director, Marcelo Rasetto, es "una propuesta de negocio lanzada por Federación Agraria Argentina, para que los productores puedan fabricar su propio combustible, poniendo techo al costo energético".
"Había que construir una planta prototipo de manera eficiente y práctica, que produjera biodiésel de calidad", relata Gentili. Logrado ese objetivo, la Pyme cordobesa encara ahora el prototipo de una planta que procesará 40 toneladas de semillas para producir 10.000 litros de biodiésel por día. "Utilizará bombas centrífugas para la separación de los productos en cada fase", cuenta el empresario.
En su primera etapa, el proyecto se financió íntegramente con el aporte de las partes asociadas. Luego consiguió un crédito del FONTAR para la fabricación de la planta prototipo y su puesta en marcha. La planta, que se está comercializando en la actualidad, mide cerca de 20 metros y produce 4000 litros de biodiésel y ocho toneladas de harina proteica para alimentación animal por día, a partir del prensado de 4 toneladas de semillas de colza. Su precio de mercado ronda los $ 300.000 más IVA.
"La financiación corre por cuenta del interesado y la amortización de la inversión depende de la producción anual de combustible. Pero si se considera la harina residual para alimentación animal producida, el costo del biodiésel de colza es de $ 0,91 por litro", calcula Gentili.
La planta consta de dos grandes módulos. El primero produce aceite y harina partiendo directamente del grano de colza. Tiene una prensa de 12 toneladas por día de producción, un enfriador de harina, un borrero para separar el aceite y hacer que la borra retorne a la prensa, un transporte que permite acopiar la harina y una bomba que envía el aceite al tanque pulmón del módulo de biodiésel. En el segundo módulo, el aceite pasa a un tanque de neutralización y luego a un reactor donde se mezcla con metanol, obteniéndose biodiésel y glicerol, productos que luego derivan hacia los tanques de separación. De allí, el glicerol va al tanque de acopio y el biodiésel a los tanques de lavado, donde se filtran las impurezas. Termina en una unidad que le extrae la humedad, dejándolo listo para su acopio y posterior utilización. El combustible se probó en maquinarias agrícolas, autos, camiones y camionetas.
Los tres primeros equipos fueron adquiridos por grupos de productores de FAA de Salto Grande y Santa Fe, y por el llamado Grupo Biodiésel Pilar, de Córdoba. Esta última agrupación, una iniciativa de cinco productores de Pilar, picó en punta con la estrategia de asociarse para autoabastecerse de combustible. Tras comprar la planta, el grupo, que trabaja 3000 hectáreas de campo, sembró 182 hectáreas de colza y en breve se disponen a producir biodiésel.
